Israel, la fe cristiana y la deriva anti-Israel en sectores del conservadurismo puertorriqueño: un análisis bíblico, teológico, histórico, jurídico y ético

…sectores conservadores y cristianos comienzan a hablar, acusar y movilizarse utilizando el mismo lenguaje, las mismas categorías morales y los mismos marcos discursivos que los movimientos antisemitas y la izquierda radical, no están ejerciendo discernimiento profético. Están repitiendo errores morales históricos” – Dr. Daniel Marte

Introducción

En el debate público contemporáneo se ha intensificado una postura abiertamente hostil hacia el Estado de Israel, tradicionalmente asociada a la izquierda radical, pero que hoy se manifiesta —de forma cada vez más preocupante— en sectores que se autodefinen como conservadores, cristianos o de derecha. En Puerto Rico, esta tendencia se expresa principalmente en espacios digitales, donde se difunde una narrativa que acusa a Israel de “genocidio” y de criminalidad estructural, sin el debido rigor bíblico, histórico, jurídico ni ético.

Este fenómeno no puede reducirse a una diferencia política legítima. Desde una perspectiva cristiana informada, constituye una desviación teológica, formativa y moral. Este ensayo sostiene que dicha postura contradice el testimonio consistente de la Escritura desde Génesis hasta el Nuevo Testamento, ignora la teología cristiana histórica y reproduce —consciente o inconscientemente— patrones discursivos característicos del antisemitismo moderno, hoy reconfigurado bajo el lenguaje del antisionismo radical.

El fundamento bíblico: un patrón continuo e irrevocable

El eje teológico del pensamiento bíblico sobre Israel se encuentra en el pacto abrahámico. En Génesis 12:1–3, Dios establece un principio normativo: la bendición o el juicio de las naciones está directamente relacionado con su trato hacia Abraham y su descendencia. Kaiser (2008) subraya que este texto articula la estructura misma de la historia redentora, no una promesa circunstancial ni revocable.

Este principio se reafirma en Números 22–24, donde Dios frustra el intento de Balaam de maldecir a Israel. Wenham (1981) interpreta este relato como una afirmación teológica contundente: ningún actor político, religioso o profético puede oponerse a Israel sin desafiar directamente la voluntad divina.

El mandato positivo se expresa tanto en la liturgia como en la ética bíblica. El llamado a orar por Jerusalén (Salmo 122:6) vincula la prosperidad espiritual con una postura de amor y fidelidad hacia Israel. Goldingay (2006) aclara que el shalom aquí implica la alineación con el orden moral de Dios, no la adhesión política.

Los profetas refuerzan esta enseñanza. En Zacarías 2:8, Israel es descrito como “la niña del ojo” de Dios, una metáfora jurídica y relacional de una protección extrema. En Joel 3:2, el juicio escatológico de las naciones se fundamenta explícitamente en su trato hacia Israel y su tierra. Wright (2006) señala que este texto elimina cualquier noción de neutralidad ética internacional respecto a Israel.

El Nuevo Testamento y la refutación definitiva de la teología del reemplazo

Uno de los pilares ideológicos del cristianismo anti-Israel es la teología del reemplazo. Sin embargo, esta postura es incompatible con el testimonio apostólico. En Romanos 9–11, Pablo aborda directamente la cuestión del estatus de Israel.

Wright (2013) y Dunn (1988) coinciden en que Romanos 11 descarta cualquier supresionismo absoluto. Pablo afirma que Dios no ha desechado a su pueblo y advierte a los gentiles contra la arrogancia espiritual. La afirmación de que “los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables” (11:29) tiene implicaciones teológicas permanentes.

Jesús mismo confirma esta continuidad. En Mateo 23:37, su lamento por Jerusalén expresa compasión, no rechazo. France (2007) sostiene que este pasaje presupone una restauración futura, no una condena colectiva.

El uso ideológico del término “genocidio”: análisis jurídico e histórico

Desde el derecho internacional, la acusación de genocidio exige un estándar probatorio extremadamente alto. La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (ONU, 1948) define el genocidio como la intención deliberada de destruir, total o parcialmente, a un grupo protegido.

Juristas como Alan Dershowitz (2003) y Eugene Kontorovich (2023) han señalado que Israel no cumple con este criterio, ni en intención ni en conducta. Historiadores israelíes como Benny Morris (2001) y estudiosos del conflicto como Efraim Karsh (2011) documentan que, aunque el conflicto ha sido trágico y prolongado, se trata de una guerra asimétrica, no de un proyecto genocida.

El uso inflacionario del término “genocidio” no solo es intelectualmente deshonesto, sino también éticamente peligroso. Como advierte Irwin Cotler (2016), trivializa los genocidios reales y convierte el lenguaje legal en un arma propagandística.

Antisionismo como mutación del antisemitismo moderno

La literatura académica contemporánea es clara: gran parte del antisionismo radical constituye una reconfiguración moderna del antisemitismo. Lipstadt (2019), Rosenfeld (2019) y Wistrich (2010) documentan cómo el odio histórico hacia los judíos se ha desplazado hacia el Estado judío, recurriendo a un lenguaje político-moral para evitar acusaciones explícitas de antisemitismo.

El “test de las tres D” propuesto por Natan Sharanskydemonización, doble rasero y deslegitimaciónse cumple sistemáticamente en el discurso anti-Israel contemporáneo. Israel es juzgado con estándares que no se aplican a ningún otro estado, se le atribuyen males absolutos y se cuestiona su derecho a existir.

Convergencia retórica con la izquierda radical y el antisemitismo global

Resulta profundamente alarmante que sectores conservadores y cristianos adopten los mismos marcos discursivos que los movimientos de izquierda radical y las manifestaciones antisemitas contemporáneas en Estados Unidos y Europa. Los patrones incluyen demonización total, inversión moral, negación del contexto histórico y justificación implícita de la violencia contra los judíos bajo el discurso de “resistencia”.

Este fenómeno no surge del estudio bíblico ni de la reflexión teológica, sino del consumo acrítico de contenidos producidos por influencers y comentaristas digitales. La autoridad ha sido desplazada del texto, de la tradición y de la comunidad de fe hacia el algoritmo.

Como advierte Jonathan Sacks (2016), cuando el lenguaje moral se separa de la verdad y de la responsabilidad histórica, se convierte en una forma sofisticada de odio.

El contexto puertorriqueño: cristianismo cultural y fragilidad formativa

En Puerto Rico, esta deriva se ve amplificada por un cristianismo cultural débilmente catequizado. Muchos de los principales difusores de esta retórica no son cristianos practicantes, no participan en comunidades eclesiales con rendición de cuentas pastoral y carecen de formación bíblica, escatológica, histórica y geopolítica.

La ausencia de una tradición sólida de estudios sobre el Medio Oriente facilita la importación acrítica de narrativas ideológicas externas. El resultado es una postura que se presenta como conservadora y cristiana, pero que, en la práctica, reproduce categorías del activismo secular contemporáneo y del antisemitismo reconfigurado.

Conclusión

El testimonio bíblico, teológico, histórico, jurídico y ético converge en una conclusión inequívoca: bendecir a Israel y orar por Jerusalén no es una postura política, sino una exigencia de fidelidad bíblica. Desde Génesis hasta el Nuevo Testamento, el patrón es consistente y continuo. Dios no ha cambiado ni ha revocado su relación con Israel, y cualquier intento de reinterpretar esta realidad desde categorías ideológicas modernas constituye una ruptura con la lógica interna de la Escritura.

Llegados a este punto, la persistencia de posturas cristianas anti-Israel ya no puede atribuirse a una ignorancia inocente. El principio es comprensible, universal y profundamente humano. Todos sabemos cómo reaccionamos cuando aquello que consideramos irremplazable está bajo amenaza. No lo relativizamos, no lo sometemos a debates abstractos ni exigimos comprensión del agresor. Lo defendemos. Por ello, la negativa a aplicar este mismo razonamiento cuando el objeto amenazado es Israel no representa sofisticación moral ni pensamiento crítico, sino una incoherencia ética deliberada.

Cuando sectores conservadores y cristianos comienzan a hablar, acusar y movilizarse utilizando el mismo lenguaje, las mismas categorías morales y los mismos marcos discursivos que los movimientos antisemitas y la izquierda radical, no están ejerciendo discernimiento profético. Están repitiendo errores morales históricos. Exigir “contexto”, “proporcionalidad” o “autocrítica” únicamente a quien está siendo atacado no es prudencia; es racionalización de la pasividad.

La Escritura no presenta a Israel como perfecto, pero sí como precioso. La metáfora bíblica de la “niña del ojo” no apela al sentimentalismo, sino a una realidad moral concreta: lo que es declarado valioso por Dios no puede ser tratado con indiferencia sin consecuencias espirituales. Fingir incomprensión cuando el sujeto es colectivo, histórico o políticamente incómodo no es señal de madurez espiritual, sino de conveniencia moral.

Negarse a defender a la “niña de los ojos” no es neutralidad. Es tomar partido por la indiferencia. Y tanto la historia bíblica como la historia humana demuestran que la indiferencia ante la demonización y el ataque nunca es una postura inocente. La fidelidad cristiana exige, hoy como ayer, rechazar la demonización, resistir la presión cultural y alinearse con la verdad revelada, incluso cuando ello conlleva un costo social.

Referencias

  1. Cotler, I. (2016). Antisemitism, human rights, and the rule of law. McGill University Press.
  2. Dershowitz, A. (2003). The case for Israel. Wiley.
  3. Dunn, J. D. G. (1988). Romans 9–16. Word Biblical Commentary.
  4. France, R. T. (2007). The Gospel of Matthew. Eerdmans.
  5. Goldingay, J. (2006). Psalms, Volume 3. Baker Academic.
  6. Karsh, E. (2011). Palestine betrayed. Yale University Press.
  7. Kaiser, W. C. (2008). The promise-plan of God. Zondervan.
  8. Kontorovich, E. (2023). Israel and the law of self-defense. Hoover Institution.
  9. Lipstadt, D. (2019). Antisemitism: Here and now. Schocken.
  10. Morris, B. (2001). Righteous victims. Vintage.
  11. Rosenfeld, A. H. (2019). Deciphering the new antisemitism. Indiana University Press.
  12. Sacks, J. (2016). Not in God’s name. Schocken.
  13. Wenham, G. J. (1981). Numbers. InterVarsity Press.
  14. Wistrich, R. S. (2010). A lethal obsession. Random House.
  15. Wright, N. T. (2013). Paul and the faithfulness of God. Fortress Press.
  16. Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. (1948). Naciones Unidas.